Los obispos de la región y la reivindicación extremeña de Guadalupe

FRANCISCO GÓMEZ BUESO SECRETARIO GENERAL DE 'GUADALUPEX'

NO ha sorprendido que el final de la homilía de Mons. D. Amadeo Rodríguez Magro, el pasado 22 de mayo, en la catedral, con motivo de su despedida como obispo de Plasencia, tuviera un sincero carácter reivindicativo, cuando se expresó en los siguientes términos: «Invoco de un modo especial la protección de la Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona de los hijos de esta bendita tierra extremeña; esos que legítimamente desean su casa-santuario en la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, el espacio común de la fe que el Papa San Pablo II nos concedió para que fuéramos la Iglesia del Señor que camina en la Comunidad Autónoma de Extremadura».

En ese espacio común de la fe, al que D. Amadeo hizo alusión, se celebró el pasado 12 de mayo en Guadalupe una jornada eclesial de profundo sentido cristiano y pastoral con la asistencia del arzobispo de Mérida-Badajoz, y los obispos de Coria-Cáceres y Plasencia junto al presbiterio extremeño, representado por 250 sacerdotes de las tres diócesis, bajo el amparo de la Patrona de Extremadura la Virgen de Guadalupe, en el Año Santo de la Misericordia.

La jornada añadía a la esencia y fines de la misma un cierto carácter de emotividad y nostalgia, motivado por la despedida de D. Amadeo de los obispos y del clero de la provincia eclesiástica así como de Extremadura, la tierra que le vio nacer, a la que siempre sirvió y en la que ha desempeñado con entrega su ministerio sacerdotal y el episcopal, en los doce últimos años, en la diócesis de Plasencia y actualmente obispo de Jaén.

Guadalupe, como en esta ocasión, debe ser el centro de acogida de estos actos de espiritualidad y de todos aquellos que son inseparables del ser y sentir del pueblo extremeño. Creo que este fue el motivo más determinante para que el Papa San Pío X a través del rescripto 'Beatissimam Virgem' (20-marzo 1907) declarara a la Virgen de Guadalupe Patrona Principal de toda la región de Extremadura.

No es la primera vez que un obispo, en este caso D. Amadeo, se despide de Extremadura sin ver cumplido uno de sus grandes deseos, que Guadalupe pasara a formar parte de la Provincia Eclesiástica de Extremadura,

D. Antonio Montero, primer arzobispo de Mérida-Badajoz, en la recién creada Provincia Eclesiástica de Extremadura en 1994 y elevada al rango de Iglesia Metropolitana, la que fue la más antigua de España, estaba convencido, como era razonable, que Guadalupe pasara a formar parte de dicha Provincia, pero sus deseos se vieron frustrados y sufrió una gran decepción, como en determinadas ocasiones ha manifestado.

Esta demanda es compartida por los obispos extremeños, como demuestran las reiteradas declaraciones que en este sentido han realizado D. Francisco Cerro, obispo de Coria-Cáceres, quien confía que el Monasterio de Guadalupe pase pronto a pertenecer a una diócesis extremeña porque «ese es el sentir del pueblo de Dios».

También el actual arzobispo de Mérida-Badajoz, D. Celso Morga se une a este requerimiento, pero de nuevo por intereses contrarios al pueblo extremeño, a su jerarquía y a las directrices del Concilio Vaticano II, (que en el Decreto 'Christus Dominus' «Sobre el ministerio pastoral de los obispos» recomienda que los límites de las diócesis se hagan coincidir con las circunscripciones civiles, sobre todo cuando concurran «circunstancias particulares en el orden psicológico, geográfico e histórico») Guadalupe sigue perteneciendo al arzobispado de Toledo.

Por ello, cada día es de mayor actualidad el editorial de la prestigiosa revista eclesiástica 'Vida Nueva', de septiembre de 2012, dirigida por D. Juan Rubio, que entre otros sólidos argumentos afirmaba: «Los pleitos sobre la jurisdicción de Guadalupe duermen en Roma el sueño de los justos. Los prelados extremeños han intentado despertarlos, pero siempre alguna mano negra, los hunde y sigue escondiéndolos en el montón con un 'ut proveatur' que molesta a los cristianos extremeños, a las tres diócesis y al área metropolitana.

Al parecer es el Arzobispado de Toledo el que frena estas justas demandas con razones de poca o nula entidad y olvida que la Iglesia debe atender las súplicas y reivindicaciones de los fieles, máxime, cuando son acordes con su doctrina oficial y la unidad pastoral que recomienda.

Todos nos preguntamos qué interés tiene el Arzobispado de Toledo en perpetuar este conflicto, que no consigue otra cosa que generar fricciones o al menos desacuerdos en la jerarquía eclesiástica y gran confusión entre los fieles.

No valen más demoras ni justificaciones, porque sabemos que de Roma viene lo que a Roma va, y el Arzobispado de Toledo debe ser consciente de la reivindicación que mayor unanimidad ha suscitado en la sociedad extremeña y de la que se hizo eco, «desde el más profundo respeto a la independencia y autonomía de la Iglesia Católica», la Asamblea de Extremadura al aprobar, por unanimidad, una Declaración institucional a favor de que Guadalupe dependa de la jurisdicción eclesiástica de Extremadura, «en el convencimiento de que Guadalupe se identifica además de por su carácter religioso, por su relevancia histórica y cultural para el pueblo extremeño», y concluye: «Por la devoción de muchos, el fervor de otros y sobre todo por ser considerado como símbolo identitario que nos refuerza y nos une como pueblo». Ahora más que nunca se hace necesario el diálogo y esperamos que, en este Año Santo de la Misericordia, se zanjen las discrepancias y se llegue a la solución definitiva de este contencioso que, cada día más, produce reacciones, que en nada benefician a la Iglesia, ni son acordes con sentido cristiano.

Estamos convencidos que, si el Papa Francisco conociera en su integridad los argumentos y el sentir del pueblo extremeño, que reivindica Guadalupe, para poder honrar a su Patrona dentro de los límites jurisdiccionales de la Provincia Eclesiástica de Extremadura, pondría fin, de inmediato, a esta grave injusticia.

ARTÍCULO PUBLICADO EN HOY.ES