LA VIRGEN DE GUADALUPE Y EL MONASTERIO REFERENTES DETERMINANTES DE EXTREMADURA

Francisco Gómez Bueso, Presidente de “Guadalupex”. 8 de septiembre de 2018.

Cuando se habla de Guadalupe inmediatamente viene a nuestra mente Extremadura, y es porque forman una cierta identidad difícil, por no decir imposible, de separar. Por ello el 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Guadalupe, fue el motivo determinante para elegir esafecha, como la más apropiada para la celebración del Día de Extremadura, “por su arraigo popular y por la dimensión histórica y cultural que representa”.

Esta identificación adquiere mayor trascendencia  en actos de gran relevancia,como quedó patente en la solemne ceremonia de instauración de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz en el Teatro Romano, cuya ceremonia estuvopresidida por la imagen de Nuestra Señora la Santísima Virgen de Guadalupe.

En esta fecha tan memorable,creo que es de justicia recordar a los extremeños, que residen fuera de nuestra Comunidad y de modoespecial a todos los Hogares  y Casas de Extremadura, que viven este día de modo especial y rinden homenaje a laVirgen de Guadalupe,  que preside sus centros y es símbolo de identidad de nuestro pueblo.

Dicho lo cual, no deja de ser paradójico que la Patrona de una región, hoy Comunidad Autónoma de Extremadura, siga perteneciendo a la archidiócesis de  Toledo, en el territorio civil de la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha y no en la Provincia Eclesiástica de Extremadura, lo que constituye una sinrazón y vulnera el deseo justo de los extremeños, tanto desde el punto de vista religioso, como en un plano social, sentimental y espiritual.

Todas las instituciones, civiles, religiosas y eclesiásticas demandan que desaparezca este anacronismo histórico, reminiscencia medieval y reliquia del poder feudal del pasado.

Con la creación, en 1994, de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz y elevada al rango de Iglesia Metropolitana, parecía que todo iba a cambiar. Su primer arzobispo monseñor D. Antonio Montero, ha manifestado en reiteradas ocasiones su decepción, por haberse jubilado sin conseguir la integración del Monasterio de Guadalupe, centro de espiritualidad de los extremeños, en el ámbito de la jurisdicción eclesiástica que razonablemente le es propia, y que los obispos de las diócesis extremeñas, tanto actuales como anteriores vienen reclamando.

Significativas fueron también, por citar solo estos dos ejemplos, las palabras deD. Amadeo Rodríguez en la homilía de despedida como Obispo de la diócesis de Plasencia, en la que se expresó en los siguientes términos: “Invoco de un modo especial la protección de la Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona de los hijos de esta bendita tierra extremeña; esos que legítimamente desean su casa-santuario en la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, el espacio común de la fe que el Papa Juan Pablo II nos concedió para que fuéramos la Iglesia del Seños que camina en la Comunidad Autónoma de Extremadura”.

Parece que nada de esto le importa al arzobispado de Toledo, quesigue sumido en su silencio displicente y se niega a tratar de este problema, lo que está creando malestar en la jerarquía eclesiástica,  desconcierto entre los fieles y daña la imagen de la Iglesia, de la que formamos  también partelos cristianos extremeños. Por ello, tenemos derecho a pedir lo que consideramos justo y razonable, es decir, que la Patrona de Extremadura pertenezca a la jurisdicción eclesiástica de la que es referente, lo quees acorde con la doctrina oficial de la Iglesia y la unidad pastoral que recomienda.

Durante muchos años hemos suplicado al arzobispado de Toledo generosidad para resolver este problema y su única respuesta ha sido de nuevo el silencio. Dejar pasar el tiempo,  y que sean otros los que tengan que resolver este litigio, no es la solución,  y lo que se consigue con esta forma de actuar es agravar el problema, fomentar el malestary dejar en el ambiente un ejemplo poco edificante. Por lo que pedimos, una vez más, al arzobispado de Toledo deje de poner obstáculos yatienda las demandas de los extremeños y desus obispos, ya que no conocemos ningún caso en el que la Patrona de una región, hoy Comunidad Autónoma, pertenezca a una circunscripción eclesiástica ajena a su territorio.