Pregón de las fiestas de Getafe 2010

José Julián BarrigaNo nos resignamos a que Extremadura siga siendo la pobre del cuento

Extremeños de Getafe, queridos paisanos:

Nada me honra tanto que considerarme emigrante extremeño; uno más de aquellos que, ligeros de equipaje, cogimos un día un tren de tercera y desembocamos en una estación llamada Delicias, que es un nombre precursor de que nuestras vidas y nuestro sacrificio, si no lleno de delicias, al menos mereció la pena. Me siento hoy orgulloso de que alguien me haya encomendado hacer el pregón del Día de Extremadura en Getafe.

Quiero contaros el orgullo que siento de tener esta condición, la de emigrante. Y quiero expresar que Extremadura, la Extremadura actual, se ha fabricado con el sudor y el esfuerzo de los emigrantes. No es el momento de tratar de demostrarlo. Pero lo mantengo: la Extremadura actual se debe en gran medida a quienes emigraron. Y, sin embargo, no se ha hecho justicia con los emigrantes. Permitirme, aunque sea un día festivo, recordaros que la gente de mi generación y la mayoría de los aquí presentes, nos vimos obligados, de un modo urgente y apremiante a desalojar nuestros pueblos y abandonar a nuestras familias e iniciar un camino incierto lleno de incertidumbres. En poco más de diez años, Extremadura desalojó casi al cincuenta por ciento de su población. Unos por necesidad material, otros por necesidad intelectual dejaron atrás sus pueblos y comenzaron el peregrinaje por Alemania, Suiza, Francia, Madrid, Barcelona, El País Vasco, Getafe. No existe población importante que no tenga su parte alícuota de extremeños desalojados de sus pueblos.

Gracias a aquel sacrificio de 700.000 extremeños, nuestra tierra pudo comenzar a construirse como región con mayor suficiencia y con mayor esperanza de futuro. Pero nosotros los emigrantes extremeños no nos desentendimos de nuestras familias ni de nuestros paisanos. Los ahorros de los emigrantes, la experiencia adquirida la depositamos de nuevo en nuestros pueblos y en nuestras gentes, sin importarnos cómo nos recibían y cómo nos trataban. Pasamos de ser los “cutaos”, a los que no nos quedaba más remedio que emigrar, a ser forasteros. Nunca perdonaré el agravio de que a un emigrante extremeño, los llamen y nos llamen forasteros en nuestros propios pueblos. Tened la seguridad de que Extremadura no sería la misma sin el concurso de los emigrantes, de vuestro esfuerzo, de vuestro cariño y de vuestro compromiso con la tierra.

He sido niño de pueblo en no menos de doce pueblos extremeños, de Cáceres y de Badajoz. He sido un niño apátrida en tierra extremeña. La generosidad de amigos consiguió que, al fin, tenga un pueblo extremeño: Garrovillas de Alconétar. Pues bien, cuando me entregaron el título de hijo adoptivo dije estas o parecidas palabras: “Paisanos y emigrantes, extremeños en la diáspora, no cometáis la ingratitud de renunciar a lo que vuestras ciudades y pueblos de acogida os han proporcionado. Y así –dije- yo hago agradecimiento a lo que Madrid nos ha dado a decenas de miles de extremeños”.

Pregón en GetafeAsí pues, si la gratitud es norma de todo bien nacido, nosotros, todos los aquí presentes, tenemos el deber, la obligación de proclamar la gratitud, el reconocimiento a la tierra que nos ha acogido. Tenemos la fortuna de podernos sentirnos, al mismo tiempo, extremeños y getafeños. Tenemos el corazón tan grande que nos cabe esta doble condición y no renunciemos a ninguna de ellas. Seríamos ingratos si no estimaras que el sacrificio que tu mismo hiciste o tu padre o tu abuelo te han permitido prosperar y labrarte un oficio, una profesión que a ellos, cuando emigraron, les estuvo negado.

Como muchos de vosotros, en estos días, acabo de regresar de mi pueblo extremeño, por si alguien tiene curiosidad, se llama Garrovillas de Alconétar, a la vera del Tajo, cuando el rio toma ya la embocadura para pasar a la tierra hermana y amiga de Portugal. Como tantos de vosotros vengo con la mochila llena de recuerdos, de alegrías y de frustraciones. Dejadme que os cuente algunas de ellas, de las alegrías y de ls frustraciones. Nuestros pueblos han estado llenos, repletos: las plazas, las calles, las fiestas rebosando de gentíos, de gentes jóvenes, pletóricas de vida y de fuerza; de parejas de jóvenes, de niños, de mayores también. ¿Quiénes eran? Los forasteros. ¿Quiénes eran los forasteros? Tú mismo, los hijos y los nietos de quienes hacen 30, 40, 50 años se vieron obligados a abandonar esas mismas calles, esas mismas plazas que
este verano, como todos los veranos, eran un hervidero de vida y de pujanza. ¿Cómo haríamos para que esos jóvenes y niños de Getafe y de Madrid, de Cataluña y del País Vasco, hijos y nietos de extremeños, que este verano abarrotaban las calles y plazas de nuestros pueblos, no olviden su origen extremeño, amen a su tierra, tengan compromiso con su presente y con su futuro? Gracias a vosotros, directivos de la Casa Regional de Getafe, gracias a todos los que se preocupan por mantener en toda España la simiente extremeña, nuestros hijos y nuestros nietos pueden decir o seguir diciendo, me siento extremeño, como mis padres o mis abuelos. Es ésta la mejor aventura que Extremadura puede protagonizar en el futuro: tratar de conseguir que los hijos y los nietos de quienes, a mucha honra, fuimos emigrantes conserven la condición o el cariño a nuestra tierra.

Voy terminando porque no es ésta la mejor ocasión para hablar de cosas más serias. Pero permitidme sólo una consideración, si no seria, al menos penosa. Veis que llevo en mi solapa un lazo negro. Algunos de los aquí presentes también lo llevan. Mirad, en todo el mundo, en toda Europa, en toda España, las vírgenes, las patronas, por su propia condición y definición, están en el territorio espiritual y sentimental que le es propio. En todas, menos en Extremadura. La virgen de Los Desamparados está en Valencia; la de Montserrat en Cataluña, la del Pilar en Zaragoza y en Aragón, Nuestra Señora de los Ángeles en Getafe. Pues bien, la virgen de Guadalupe no pertenece a Extremadura. Guadalupe, como otros 31 pueblos de la Siberia y de la Serena extremeña, pertenecen a Toledo…

No, no da lo mismo. No es indiferente. Extremadura tiene una herida que sangra cada ocho de septiembre. Algunos, muchos no nos resignamos a que Extremadura sigue siendo la pobre del cuento, la tierra en la que todo vale. No ¡basta ya de agravios! Estaremos mejor o peor situados en todas las listas de pobreza y de riqueza. Pero no consintamos que se perpetúe, en medio de nuestra indiferencia, la mayor humillación que Extremadura sufre en estos momentos. Guadalupe es nuestra mejor seña de identidad, nuestro pasado más esplendoroso, aquello que más une. ¡Extremeños de Getafe, no consintáis también vosotros que se perpetúe una situación de agravio que ninguna otra comunidad toleraría!.

Pero hoy es día de fiesta. Extremeños de Getafe, alegraos y festejad lo que nos une: el cariño a la tierra, la solidaridad entre todos nosotros. ¡suerte y mantengamos siempre el orgullo de ser hijos de una tierra esforzada y generosa!. ¡Viva Extremadura y viva Guadalupe!

José Julián Barriga

Pregón de las fiestas de Getafe 2010
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