DE GUADALUPE A NAZARET. CRÓNICAS DE UNA PEREGRINACIÓN.

Foto portada
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Domingo 22 y lunes 23 de abril de 2012

Fue un lunes: lunes de Pascua de Resurrección. Durante la gira-romería que cada año se hace en Campanario –mi pueblo- en honor de su Patrona la Virgen de Piedraescrita, Patrona también de la comarca de La Serena. Ese día Fray Sebastián Ruiz recorre los cerros que bordean la ermita y va saludando a sus paisanos: “Paz nos dice, felicidad a todos…”. Allí mismo, en un aparte, me pide que realice un servicio a los peregrinos que nos vamos a desplazar a Tierra Santa.
“Tú te encargarás, me dice, de la crónica de cada día de la peregrinación, y la leerás al día siguiente en el autobús”. No pude decirle que no y acepté obedientemente el encargo.
Mi nombre es Zacarías, jubilado. Mis últimos veinticinco años de vida laboral trabajé en Madrid/ Puente de Vallecas, en Ciudad de los Muchachos, colegio receptor de emigrantes de toda España y de más de veinticinco nacionalidades. Por supuesto, teníamos muchos extremeños.
El domingo día 22 fuimos llegando a Guadalupe por los distintos caminos de nuestros pueblos. Íbamos a la casa de la Madre. Ella es en esta ocasión la causa de nuestra peregrinación. Nosotros podríamos haber elegido otros días para peregrinar a Tierra Santa; pero, no… Hemos elegido esta semana para acompañar a nuestra Morenita en esta fecha histórica  -una más-  en el historial de nuestra advocación más querida: Virgen de Guadalupe.
Y, aquí estamos, dispuestos a acompañarla en esta su Tierra Santa. Hemos dejado a los nuestros y desde este rincón del mundo, queremos, con ella, ir al encuentro del Señor. Ir a la Casa de Israel.
Nos hemos preparado, incluso en nuestro cuerpo. Mirad, el día 18 de abril leí en el HOY de Badajoz un artículo de J.R. Alonso de la Torre: “Mi suegra se va a las cruzadas” decía el título. “Se va a conocer los exteriores de la Biblia y de los Evangelios…” y, con su pizca de humor, el yerno relataba, algo tan real como nuestras propias edades: “nada mejor –seguía diciendo- que ponerse los pies a punto: una ITV de juanetes, uñas y durezas que la han dejado preparada para subir al Sinaí… y patear Caná, Belén, Nazaret…”
Esta mañana temprano recordaba al levantarme lo que tantas veces hemos leído en el Quijote: “La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado…” Y me sonreía porque cuando él y Sancho salieron de la Venta, ya se veía la aurora; sin embargo, nosotros, hoy, somos quienes hemos despertado al alba. Hemos sido más madrugadores que ella (nos levantamos a las cuatro de la madrugada). Aún era noche cerrada cuando calzamos nuestros pies y los párpados de muchos apenas si podían despegarse…
Después, viaje a Madrid, caravanas, atascos, horas que pasaban… nervios a flor de piel, porque se acercaba la hora y no arribábamos a puerto. Hemos sufrido nervios, controles, miradas inquietas, tal vez recelosas; pero en nosotros se había alojado ya la alegría de ser peregrinos y este sentimiento estaba por encima de todo. Llegamos a   TEL AVIV, nueva incidencia: no han embarcado una maleta. Otra vez nervios. Gestiones. “Llegará en el próximo vuelo” nos dicen.
Salimos hacia Jerusalem. Julián, nuestro guía, profundo conocedor del lugar, nos ha ambientado y ha ido caldeando nuestro corazón del amor a Jesús y a su tierra.
Hotel “Prima Kings”, cena y, para muchos, paseo nocturno.
Hoy 24, con el corazón abierto y receptivo al Espíritu, comenzamos nuestro periplo por estos Santos Lugares que tan ardientemente deseamos conocer y vivir.
Para mí me he impuesto esta máxima: “Lo importante está en el alma del peregrino y no en las cosas que ven”.
Diré con Samuel “Aquí estoy porque me has llamado” (I Samuel, 3,6).
¡Shalom! Feliz día a todos.

CRÓNICA
Martes 24 de abril de 2012

Hemos cambiado el orden del programa. “Será un día duro”, nos ha dicho
Julián; pero prefiere hacer este recorrido hoy que el grupo está descansado y aguanta más. Así resultó al final de la jornada: un día como éste no lo hubiésemos aguantado fácilmente al final de la semana.
Salimos directamente dirección a Getsemaní. Durante el recorrido, se nos fueron dando interesantísimas explicaciones históricas y, como en cualquier peregrinación o visita turística que se precie, nuestras cabezas se movían de izquierda a derecha como la del espectador de un partido de tenis o una competición de ping-pong.
Nos recuerda a Santa Elena, madre del emperador Constantino, que con su celo religioso había puesto las bases para hacer de toda Palestina la Tierra Santa. Con ella se abrió el camino de peregrinación a larga distancia. Elena, que se convirtió al Cristianismo e influyó en su hijo a favor de los cristianos, peregrinó a esta tierra siendo muy mayor. Su obsesión fue buscar la “Vera Cruz” y no paró hasta encontrarla. Esto ocurrió en torno al año 330. La primera parada de las muchas que hoy vamos a realizar ha sido en el lugar de la Ascensión de Jesús. Vemos, tocamos, y besamos la roca desde donde Jesús, dice la tradición, ascendió al cielo. Leemos el relato de la Ascensión (Hech. 1, 4-14) y cantamos “Anunciaremos tu Reino, Señor”. Breve reflexión.
Como curiosidad observé que mientras nos empapábamos del espíritu del aquel lugar, una paloma que había en el interior levantó el vuelo y “ascendió” (entre comillas) a la luz de una de las ventanas de la cúpula.
Seguimos nuestro camino hacia la Iglesia del Pater Noster próxima a la de la Ascensión. En sus paredes está recuadrado el Padrenuestro en 157 lenguas. Aparte de contemplar el templo, oí toda clase de comentarios sobre los rosales del camino que conduce a la Iglesia. Rosales de colores vivos, rojos aterciopelados, blancos, amarillos… Frondosos, como si rodeasen a Jesús desprendiendo su mejor olor y fragancia… Fotografías y más fotografías. Contemplamos desde lo alto las inmensas murallas, que hoy, yo las quisiera ver como abrazando a todos simbólicamente, cosa difícil en la situación política actual…
¿Quién, ante esta vista puede resistirse a sacar una foto?; pero no es una, son “mil” las que pretendemos sacar. Ésta va a ser una característica externa del grupo: Queremos meter todo –con ansia- en nuestras cámaras fotográficas, para recordar y vivir después ante los nuestros, con avaricia, cada uno de los pasos que dimos y las panorámicas que contemplaron nuestros ojos; porque las emociones y sentimientos se los contaremos a viva voz.
La panorámica que dominamos lo tiene todo… Iglesia de la Resurrección, Santo Sepulcro, Cúpula Dorada del Templo de Salomón, la antigua y romana Torre Antonia… Para un posterior recuerdo, el grupo es fotografiado con Jerusalén al fondo.
Reiniciamos el camino y bajamos a paso ligero, a marcha forzada, obligados por la inclinación de la bajada tan pronunciada que hay hacia la llamada Iglesia de la Lágrima o Dominus Flevit (el Señor lloró). (Lc. 19, 41-44; Mt. 23, 37-39). ¿Cómo no iba a llorar con la que se le venía encima? Celebramos misa a las nueve de la mañana en la pequeña explanada exterior después de haber contemplado el interior de esta iglesia, en donde, entre otros, contemplamos un mosaico que nos muestra la lamentación de Jesús, en el que hace alusión a la gallina que intenta reunir a sus polluelos (Mt. 23,37 y Lc. 13,34).
Si el Señor lloró, alguno de nosotros también lo hizo, pero en nuestro caso de alegría al contemplar y vivir “in situ” los hechos de Nuestro Jesús. Preside el altar una tosca cruz hecha con dos viejas ramas de olivo. El cáliz, también tallado en olivo. ¡Qué alegría cuando nos dijeron!, cantamos.
“Nuestro destino es la gloria eterna. No es la historia, no es el mundo, nos recuerda el celebrante. Nuestro norte es el encuentro con Jesús no nos aferremos a “nuestra belleza” porque, como la de Israel se demorará. Siempre habrá un Tito que la destruya y no quedará piedra sobre piedra”.
Atención total. Silencio absoluto. Nos encontramos como esponjas dispuestos a absorber todo.
Nuestro objetivo, como peregrinos, es afianzar la fe, la caridad, la justicia… si la cúpula semeja las lágrimas de Cristo y las ánforas el recipiente que las recibe, yo, personalmente, deseo que mi corazón no sea de piedra como las ánforas y que esas lágrimas no caigan estérilmente en él sino que arda en ellas.
Desde el mirador contemplamos de nuevo el cielo de Jerusalén. Miramos a nuestro alrededor… cientos y cientos de peregrinos que vienen de todo el mundo con el mismo objetivo que nosotros. No son turistas, no. Se ve otro espíritu. Hemos visto indios rezando y cantando con sus palmas en la mano subiendo en procesión. Polacos, franceses, ingleses, alemanes… Gente de Oriente Lejano y América. Es la iglesia universal aquí presente. Mi espíritu está pleno ¿Y el vuestro?…
Marchamos a la Basílica de la Agonía en el Monte de los Olivos, también conocida “De la Naciones” porque muchas aportaron un dinero para su construcción, entre ellas España. Es una obra realizada por los franciscanos allá por los años veinte de 1900. Silencio sepulcral en el interior. Oraciones. Luz de flases. Susurros constantes de oración permanente. Fieles arrodillados. Besos a la roca en la que Jesús oró. Allí Jesús sudó sangre. Allí fue olvidado por sus más íntimos a causa del sueño… ¿Nos dormimos también nosotros?… ¡Yo, sí! y no pocas veces… por eso, tal vez, haya ese silencio sepulcral en el ambiente.
Julián vuelve a dirigirse a nosotros, como susurrando, para leer del evangelista la Oración y Agonía de Jesús (Mt. 26, 36-46). Ante esta escena nuestro espíritu se encoje y nos acurrucamos de vergüenza sobre nosotros mismos. Escuchamos una llamada de silencio sin palabras: ¡Schisss…! Es un susurro que se repite regularmente ¡Schisss…!.
¡Estamos ante la roca en donde oró Jesús! En la que, sin merecerlo, sufrió y sudó sangre. En la que como Hombre se desesperanzó y pidió que pasara aquella amargura, aquel cáliz; pero que esperanzado pidió al Padre, contra toda esperanza que: “no se haga mi voluntad sino la tuya”
El anhelo de una foto rompe, tal vez, nuestra atención y nuestro espíritu de silencio y comunicación profunda y sincera con nuestro Jesús ¡Que el “mundanal ruido” y nuestro “sueño”, no rompan nuestra oración y nuestra unión con Él! ¡Que fortalezca nuestro espíritu, para que transformemos el mundo en el reino de justicia, de paz y amor que Él desea!
Me llaman la atención las inmensas vidrieras que envuelven el templo, vidrieras de color morado y marrón para que la luz no rompa el ambiente y mantenga el lugar en una suave y acogedora penumbra. Es como alabastro transparente el que filtra la luz de esas vidrieras. Preside el ábside un gran mosaico de Jesús orando sobre la roca.
Nos despedimos del lugar impresionados. Nuestras manos tocan, palpan, aprietan, quieren fundirse en una con aquella roca testigo de lo que le pasó a Jesús; porque ella soportó su peso y sobre ella sudó sangre por la angustia que sentía… La besamos, la besaron todos los peregrinos de la historia, la besarán los siguientes. Nos arrodillamos y, algunos, observé que a duras penas podían levantarse, pero no pudieron resistir el impulso de echarse a tierra y besar la roca. No queríamos separarnos de aquel lugar. Detestamos, en el fondo, que Jesús pudiera decirnos: ¿Pero todavía estáis durmiendo? ¡Levantaos, vamos…!
Hoy nuestra mente se va saturando ya con tanta información. No podemos codificarla de momento; aunque espero que en casa tengamos tiempo, tranquilidad y paz para hacerlo.
Reconozco que esta crónica es más larga de lo habitual; pero el día de hoy también lo ha sido y merece la pena recordarlo todo. ¿O no?
Sobre los “milenarios” olivos lo comentaremos cuando realicemos la Hora Santa en el lugar.

La tumba de la Virgen. La Virgen murió en Jerusalén y allí la “enterraron”; pero esto es una contradicción in términis ¿Si fue “absunta”, esto es, “absorbida”, “elevada al cielo” cómo va a quedarse en una tumba? Julián, como en todo, explica la clave: se recuerda que en este lugar se depositaría su cuerpo, pero que no fue enterrado, ya que fue absunta al cielo.
Esta iglesia fue de Custodia franciscana hasta el siglo XVIII. La tumba está sobre el lecho del Torrente Cedrón. La tumba está muy profunda y, hoy, bajo la custodia de los armenios. Según sus ritos, cuelgan del techo decenas y decenas de lámparas. Bajamos. Hay un fuerte olor a cera y aceite y el humo se ha impregnado en las paredes y techo de la cripta. La sensación es de suciedad y también de ¿abandono? ¿De falta de medios para mantenerla limpia y aseada? ¿De falta de desprendimiento en los fieles? ¿Porque no aprecian la limpieza? No sé. Nos despedimos entonando la Salve Regina.
Distinguimos la Iglesia de Sión, primera iglesia de la cristiandad, que se llamó también madre de todas las iglesias: Santa Sión. Nosotros los cristianos la denominamos también como el Nuevo Sión identificándola con la Iglesia, para diferenciarla de la Sión bíblica.
Desde la distancia nos hace observar Julián el Pináculo del Templo desde donde arrojaron a Santiago el Menor y, también, la Puerta Hermosa de la que los musulmanes dicen que se abrirá el día del juicio final. Hoy sus puertas están tapiadas.

COMIDA: La hacemos en la casa franciscana para peregrinos: “Casa Nova”. Se ve un contraste grande con otros lugares visitados hoy. Aquí todo rezuma limpieza. Las “Casa Nova” franciscanas son el lugar de acogida, albergue y orientación al peregrino. Su labor y utilidad en Tierra Santa son excepcionales. Hacen un gran servicio a los peregrinos.
Después de la comida y un descanso bien merecido, visitamos el “Barrio Armenio”.
Felipe II –España- pagó la construcción de la actual catedral Armenia de Santiago Apóstol. Visitamos el Cenáculo (Mc. 14, 12-16; Lc. 22, 7-13), hoy, una nave de estilo gótico levantada por los cruzados al encontrarse destruido el primitivo. Hoy día es una mezquita. Leemos el relato de la “Última Cena de Jesús” y la “Institución de la Eucaristía” (Mt. 26, 17-29). Reflexión y canto de Un Mandamiento Nuevo, para finalizar con un canto al Espíritu Santo: Espíritu Santo, ven, ven. Oración personal. No está permitida la celebración de la Eucaristía.
Pasamos después a la Iglesia Dormición de María, lugar conmemorativo del “tránsito”, “muerte” o “dormición de la Virgen”. Bajamos a la cripta que es circular con capillas alrededor y en el centro una imagen de María yacente: la imagen de la Dormición. Entonamos la Salve Regina. Allí nos encontramos con que había un mosaico de la Virgen de Guadalupe de México. Oramos largo rato.
Las fuerzas van fallando. Las horas han ido pasando y han hecho mella en nosotros, el sol se  ha adueñado del día y nos está diciendo: ¡aquí estoy yo!, las piernas de muchos comienzan a flaquear, especialmente la de las valientes peregrinas de más edad; mas a pesar de todo, visitamos la Iglesia de San Pedro in Gallilcantu o Donde el Gallo Cantó.
Permitidme deciros que el santuario está regido actualmente por Agustinos Asuncionistas fundadores que fueron de Ciudad de los Muchachos en el Puente de Vallecas, en Madrid, en donde yo trabajé con ellos más de veinticinco años, aunque al final, por falta de sacerdotes suficientes, la responsabilidad de la dirección pasó a la congregación de Salesianos.
Mariángeles lee el “Proceso a Jesús” (Mc. 26, 57-66) y las “Negaciones de Pedro” (Mc. 14, 66-72). Terminada la reflexión del evangelio Julián nos señala en donde se encuentra el lugar conocido como Campo de Sangre (Mt. 27, 1-10 y Hch. 1, 15-20), en donde Judas se ahorcó. Lugar considerado desde siempre como “Lugar Maldito”.
Dirigimos nuestros pasos hacia el Muro. Calor. Mucho calor. Dejamos atrás  “una colonia” de gatos caseros… no se ve muy limpio este recorrido. La fachada de los edificios están como cosidas por las tuberías del agua y las mangueras del cableado eléctrico con sus contadores al aire. Todo es una auténtica maraña. Da mala impresión. Nos adentramos en el Cardo Maximus y vemos parte de él que está reconstruido. El Cardo fue una antigua calle-avenida que cruzaba antiguamente la ciudad de norte a sur. Hoy su parte más restaurada es calle comercial.
Pasamos junto a un gran candelabro de siete brazos (Menorah) que es el símbolo del pueblo hebreo desde tiempos remotos. Muchos lo fotografían. Poco antes de llegar al Muro, en una plazoleta surcada de niños pequeños jugando y en bicicletas, nos sorprende que alguno de ellos  -con tirabuzones-  escupen a alguien de los nuestros, tal vez porque no dejamos libre su espacio, tal vez por su costumbre heredada de escupir al infiel. A nosotros nos sorprende la actitud. Otros de los nuestros lo habían observado antes.

Muro de las Lamentaciones. El muro es símbolo de la fe hebrea y lugar de peregrinación de los hebreos de todo el mundo. Es un trozo del muro de contención del lado occidental de la explanada del Templo. El nombre de “Las lamentaciones” le viene porque ahí los hebreos lloraban la destrucción del Templo y el exilio de su pueblo. Sólo podemos contemplarlo sin acercarnos a él, porque hoy, el pueblo judío recuerda el Día anual del HOLOCAUSTO y, en su recinto preparan una fiesta –recuerdo- de quienes en aquel tiempo fueron masacrados. Todo el espacio está vigilado por el ejército armado. Da un “no sé qué” ver tanto soldado vigilando, con fusiles ametralladores, en las murallas, en las azoteas, en los altos, en ventanas, en la plaza del muro… A la caída de la tarde sonaron sirenas en todo Israel. Todo se ha parado: un minuto de silencio nacional. Oración. Dios quiera que jamás, nunca jamás, vuelva a repetirse acto tan inhumano.
Después de cenar salimos de compras en autobús a Belén. Frontera. Vigilancia, fusiles ametralladores. Fuimos a una cooperativa de venta de objetos. Lo más llamativo para mí, las grandes tallas de madera de olivo. Todo de olivo. Compramos. Le “dimos un poco al ojo”, nos quitamos el mono del consumismo y de vuelta a casa. Día agotador,  pero ¿qué importa? Enhorabuena a todos. Que el Señor nos bendiga.


CRÓNICA
Miércoles 25 de abril de 2012

A BELÉN…
Antes de iniciar el viaje a Belén, en zona Palestina, recogemos la fotografía del grupo que nos hicieron ayer con Jerusalén al fondo. Hacemos la oración de la mañana y nuestro canto nos recuerda que somos peregrinos y marianos: “Mientras recorres la vida… contigo por el camino Santa María va…” y así es: peregrinamos con ella desde Guadalupe hasta su tierra natal.
Mis palabras, os digo, no son mías. Es Julián quien las va dictando con sus explicaciones y yo quien las recoge, en parte, añadiendo algún detalle o reflexión mía personal.
A lo lejos, camino de Belén, se divisa el lugar de la tumba de Herodes el Grande: Un pequeño monte con forma de cono truncado. Nos indicó qué tipo de personaje fue este Herodes que mandó asesinar a todo el que le hacía sombra, sin importarle si eran familiares suyos o no. Mató indiscriminadamente.
Ya se divisa, cercana en la línea del cielo de Belén, torres cristianas y minaretes que se entremezclan. Frontera. Soldados armados. Fotógrafos dispuestos a disparar sus objetivos… menos mal que son éstos y no los soldados quienes disparan. Nos hacemos otra foto conjunta el grupo; tiene como fondo la fachada de la Basílica de la Natividad, es esta una de las tres grandes basílicas que en el siglo IV mandó construir Santa Elena.
El templo está bajo la custodia Armenia. Se nota y nos da mucha pena: paredes desconchadas, chorreones de goteras de los tejados… según su costumbre, hay muchas lámparas colgando, muchas velas, y mucho humo impregnando las paredes y los techos con sus armazones y cubiertas de madera artesonada. La puerta de entrada al templo, hemos visto, es muy baja para que los “enemigos de la cruz” no pudieran entrar al templo a caballo y profanarlo y destruirlo. Esta puerta de entrada es conocida, actualmente, como Puerta de la Humildad. Las comunidades cristianas decidieron reducirla a mediados del siglo XVIII después que los turcos fundieran el plomo del techo para hacer balas de cañón. Su altura es aproximadamente de 1.20m de altura.
Larga es la espera para bajar a la Gruta de la Natividad y poder besar la estrella que marca el lugar en el que se cree sinceramente que nació Jesús.
Se está celebrando una misa y hay muchos peregrinos para bajar. Julián nos indica que vamos a cambiar el orden y pasar a visitar antes la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría que es continuación de la basílica en la que estamos, la custodia la tienen los PP Franciscanos. La separan de la Gruta de la Natividad, tan solo una puerta con mirilla. Sobre esta iglesia todo está testimoniado, pero a diferencia de la basílica ésta es luminosa, esbelta, limpia… como nueva, lo que nos indica dos conceptos muy distintos de mantenimiento y custodia.
Bajamos a la Gruta de San Jerónimo llamada así porque este Santo del siglo IV vivió y trabajó en ella durante muchos años. Allí, de los originales hebreo y griego, tradujo al latín la Biblia conocida como VULGATA. Qué ignorancia la mía pensar que en la actualidad estas grutas estarían a las afueras de la ciudad como yo las imaginaba.
Subimos de nuevo a la Iglesia de Santa Catalina. Se hace la lectura del “Nacimiento”, “Adoración de los Reyes”, y “Matanza de los Inocentes” (Lc. 2, 1-ss).
Estamos recordando y viviendo realmente en estos momentos la Noche de Navidad  en el lugar donde nació Jesús ¿Quién da más? Para la mayoría de nosotros, tal vez, ésta sea la primera y última vez que visitamos los Santos Lugares. Cantamos todas las estrofas de Noche de Dios. Yo lo hago, con unción, contemplando la vidriera que preside el frontal del presbiterio que conmemora el Nacimiento, bajo la adoración, no de los Magos, sino de dos frailes franciscanos ¿Serán Francisco de Asís e Iluminado, su fiel compañero, que fueron los primeros en llegar en estas tierras con el deseo de convertir al cristianismo al propio Sultán Malek al Kamil?
En esta visita realizada en el siglo XIII, después de conocer el sultán a San Francisco, se cuenta que le dijo: “Si todos los cristianos fuesen como tú, valdría la pena ser cristiano”. Visitamos el claustro  de Santa Catalina, de la época de los cruzados, en cuyo centro se encuentra la estatua dedicada a San Jerónimo.
De aquí vamos al Campo de los Pastores. Bajamos en autobús un desnivel muy pronunciado. A lo lejos avistamos una colina con un asentamiento israelita que está en disputa permanente. Estas dos naciones nunca estarán en paz ¿o sí? Dios lo quiera y que los políticos, desde su libertad no obstaculicen esa paz.
¡Qué contraste! Hoy, en Belén, estamos viendo carteles que anuncian una manifestación por sus héroes y en la Plaza de la Basílica vemos a un grupo de mujeres manifestándose con grandes fotografías de ellos. Mientras, ayer en Israel recordaban el Holocausto y hoy celebran el día de la victoria como fiesta nacional; aquí, al contrario, lo que recuerdan es la derrota. Paradojas de la vida ¿Cuándo llegará la paz real y duradera?
Llegamos al Campo de los Pastores: son las once horas. Celebramos la Eucaristía en el exterior a la sombra de una estructura metálica cubierta. Como ayer, en el Dominus Flevit, preside el altar una cruz de ramas de olivo, hoy con la figura de Cristo clavado. La cruz pende de la estructura metálica de la cubierta.
Comenzamos  con un villancico ¿Cómo no si estamos en Belén?: “Hoy en la tierra nace Dios”. Dios se encarna y entra en la historia como Hombre. Belén es el lugar el ángel mensajero anunció también a los pastores (Lc. 2, 8-ss) que “había nacido el salvador”. Y, hoy nosotros, aquí, en su recuerdo entonamos el “Gloria in excelsis Deo” (Lc. 2,14).
En la primera lectura se nos indica que de las muchas y diversas maneras que Dios nos habla, esta vez lo hizo a través de su propio Hijo, la mejor manera de hablarnos. La respuesta está en nosotros… pero somos duros de oído para el tipo de mensaje que Dios nos da.
Nos ayuda a la comprensión de los hechos un escrito del P. Sebastián leído por Mariángeles “El desconcierto o la mirada de un pastor en Belén”.
Observo que rara vez los integrantes del grupo piden en la Oración de los Fieles por sí mismos. Esto es bueno. Nuestra oración de petición es por los demás. Hoy nos pidió Julián que cantásemos “El tamborilero” y nos dijo que lo hacía en su doble sentido porque hoy somos nosotros y no los pastores, quienes adoramos al Niño en el lugar real en que ocurrieron los hechos ¡Alegría navideña! ¡Villancicos! Estamos realmente y de verdad en Belén.
Subimos hacia la capilla circular que preside el lugar, es el santuario “Gloria in excelsis Deo”. Su cúpula de cristalera hace recordar que la LUZ de Cristo viene de lo alto: Gloria in excelsis Deo. Otra vez muchos peregrinos del mundo: Laus Deo.
Comida en “Casa Nova” franciscana de Belén.
Visitamos la Basílica y Gruta del Nacimiento que habíamos quedado pendientes.
La basílica fue erigida por Santa Elena, madre del emperador Constantino, iniciadora real de las peregrinaciones. Hoy es una iglesia ortodoxa. Sus paredes debieron ser únicas a tenor de los restos de los mosaicos que vemos en sus muros y en el pavimento. Cuando los persas invadieron Belén a comienzos del siglo VII la Basílica se salvó de la destrucción, porque los invasores vieron el mosaico de los Reyes Magos y se vieron representados con sus trajes persas, por eso se detuvieron y respetaron el templo. Las columnas de mármol rojo que sostiene la estructura están decoradas en su parte alta, pero es penoso ver que todo está tan impregnado de humos y suciedad de años ¿o siglos? que apenas se notan.
Esta iglesia debió cautivar a los primeros peregrinos, sobre todo a la peregrina Egeria, la monja gallega que nos dejó escrito el relato de su peregrinación, en el siglo IV, en su “Itinerario” famoso. En este siglo se produjo el fenómeno popular y de masas de las primeras peregrinaciones. Yo sólo recordaré el nombre de ciertas mujeres decididas y valientes que peregrinaron además de Egeria; algunas fueron Silvia de Aquitania, Melania Señor, Paula, Serena… Nada decimos de los cruzados y de las luchas habidas. Aquello pasó; pero allí dejaron su huella.
Bajamos, por fin, a la Cueva del Nacimiento (Lc. 2, 1-7). Celebramos la Navidad cantando “Noche de Dios”. Villancicos diversos. Oración… ¿Alguna vez hemos orado así? ¿Alguna vez nos hemos ofrendado así? ¿Alguna vez hemos estado así tan cerca de Él? Cuando comulgamos y nos hacemos uno con Él, sí; pero este sentimiento, esta emoción que hoy sentimos es distinta. ÉSTE ES EL LUGAR. AQUÍ EMPEZÓ TODO… y brotan lágrimas de agradecimiento que fluyen en abundancia; pero llenas de paz y amor. Hoy mismo he visto muchas lágrimas y abrazos. Yo mismo he llorado.
Estamos ante el altar del nacimiento del Niño Dios adornado con catorce lámparas de plata que cuelgan sobre una estrella también de plata, que indica el lugar del nacimiento del Niño. Tiene una inscripción en latín que traducido dice: “Aquí de la Virgen Maria Nació Jesucristo”. Nos arrodillamos, la besamos… besamos EL LUGAR. Cada uno en su interior conoce sus pensamientos y sentimientos. Cada cual es un mundo. Loado sea mi Señor.

Hacia AIN KAREM (14.45 h). Volvemos a Jerusalén, ahora por la ruta del desierto, se nos dice, porque, por la ruta normal, a estas horas hay más problemas en el paso fronterizo. Dejamos a un lado la doble alambrada que separa a estas naciones. Obra pública inexistente en Palestina; desde el autobús, al menos, nada se ve ante mis ojos…
Entramos en Israel: flores, adelfas, rosales, mangueras de goteo, autovías, obra pública patente y visible. En una palabra: Vida. Organización. Aquí es el hombre quién está ganando la batalla a una naturaleza pobre. Aquí se ve el tesón y la constancia.
Llegamos al Monte Herzl, padre del sionismo actual, nos indica Julián, esto es la vertiente política del judaísmo. Dejamos atrás el Museo del Holocausto y llegamos, por fin, a los pies de la Iglesia de la Visitación (Lc. 1, 39-56) en Ain Karem.
¿Pero, cuántos escalones tiene esta subida? ¡No sé! ¡Esto no se acaba! La Basílica está altísima. El cansancio no puede con nosotros. En ella, en sus grutas, se nos dice que Santa Isabel ocultó al “Niño Juanito” cuando la Matanza de Inocentes en tiempos del rey Herodes. Este fue el lugar de la visita de la Virgen a su prima Santa Isabel. “Bendita entre todas las mujeres” le dijo Isabel. La respuesta de la Virgen la encontramos ahora en el exterior en una serie de murales que contienen el Magnificat (Lc. 1, 47-55) en decenas de idiomas.
Pasamos al interior donde estuvo la gruta. Tres murales adornan sus paredes. En el centro la Visitación: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc. 1-42). A la izquierda según entramos, “Zacarías, el marido de Isabel, incensando el altar”, lugar en el que el ángel le comunica que su mujer tendrá un hijo a pesar de su edad y que él va a ser padre (Lc. 1, 5-25). A la derecha: “Matanza de los Inocentes” (Mt. 2, 13-18). Al frente, debajo del mural de la visitación, un pequeño altar y el llamado “Pozo de María”.
Mariví hace una lectura preciosa alusiva al hecho: “La mirada de María”. Terminamos cantando con alegría “Estrella y Camino”… de tu mano… hallamos a Dios.
Salimos al exterior y todos juntos rezamos el canto del Magnificat (Lc. 1, 47-55), leído directamente del mural en español. Subimos a la iglesia superior en donde están celebrando misa y no la visitamos.
Terminamos nuestro recorrido en Ain Karem en la iglesia de San Juan Bautista, “casa de Zacarías e Isabel” (Lc. 1, 1-25). Al bajar la gran escalinata del monte de la iglesia de la Visitación,  en el recorrido entre las dos iglesias, Julián llama la atención en voz alta sobre dos “vividores” que están buscando el modo de robarnos; lo han intentado con alguno del grupo –nos dice- mientras grita: ¡Cuidado, son ladrones! Visitamos la Cripta y Gruta del Benedictus, donde había nacido el bautista. Bajo el altar una estrella de mármol recuerda su nacimiento: “Aquí nació el precursor del Señor”. Proclamamos la palabra de Dios. Rezamos el Benedictus en el exterior, leído del mosaico en español de entre los numerosos que hay en distintos idiomas. Esta vez nuestro canto de despedida es “Salve, Madre”, en la tierra de mis amores…
Cansancio, sudor, sed. Descansamos un breve tiempo y quien lo deseó pudo refrescarse con alguna bebida en las terrazas.
CENA
HORA SANTA en la Basílica de la Agonía, en el Huerto de Getsemaní. Paseo personal e íntimo dentro de la parte cercada del Huerto, abierto esta noche para la peregrinación de Guadalupe.
Iniciamos la Hora Santa (8.40 hora local) todos los grupos venidos a esta peregrinación de la colocación histórica del Mosaico de la Virgen de Guadalupe. (Ya por fin se confirmó su llegada a destino del mosaico, cosa que traía de cabeza al P. Sebastián. Deo gratias; la maleta perdida también llegó)
Exposición del Santísimo. Dirige el párroco de Guadalupe P. Antonio Arévalo. Se lee el relato de Getsemaní (Mt. 26, 36-46) (Mc. 14, 43-52) (Lc. 22, 39-46)
“… A pesar de mis flaquezas Tú serás, para mí, mi Dios, porque eres mi salvador en la oscuridad de la noche”.
Concédeme no perder el ánimo… Silencio profundo en el ambiente.
Se desgarran los corazones…
Se entrecortan las palabras…
Se oyen llantos ahogados…
Oímos peticiones personales de familias, sociales, políticas… ¿Qué podemos hacer nosotros? No sabemos qué hacer; por eso lo dejamos en tus manos y a Ti lo encomendamos…
Hay mucho silencio…
Nuestro silencio está preñado de peticiones que sólo a Ti confiamos desde nuestro corazón…
Nuestra acción de gracias va hoy dirigida a ese Dios hundido, abatido por el dolor como Hombre que por ese dolor nos ha redimido; y que con ese hundimiento, nos salvó… Gracias.
Y siempre: “¡Hágase, Señor, Tu voluntad y no la mía!”


CRÓNICA
Jueves 26 de abril de 2012

El día de hoy, aparentemente ligero, terminó no siendo así. Vamos a hacer el recorrido de la Vía Dolorosa. Entramos por la Puerta de los Leones, una de las siete puertas de la muralla que, el día de hoy, está en obras. Esta puerta es conocida por los cristianos como Puerta de San Esteban (Hch. 6, 8-15), porque según la tradición éste fue el lugar en donde le apedrearon y murió (Hch. 7, 54-60). También fue llamada Puerta de las Ovejas, porque esta puerta era camino de entrada a la ciudad para las ovejas que eran llevadas al sacrificio y estaba cerca de la Piscina de Betesda. Iniciamos el recorrido en la Iglesia de Santa Ana, que recuerda el lugar del nacimiento de la santa. Es una iglesia limpia de imágenes: sólo la de Santa Ana. La cripta recuerda que su nacimiento, según una antigua tradición, fue en aquel lugar.
Allí  mismo visitamos los restos arqueológicos de la Piscina Probática (antigua piscina de Betesda), (Ju. 5, 1-18), donde Jesús curó a un paralítico que a mi me recuerda, simbólicamente, que así estamos muchos de nosotros y necesitamos de su curación
Dado el recorrido de la Vía Dolorosa, tenemos que ir compaginando entre la piedad y lo que en ella vamos viendo, ya que el resto de personas continúa con su vida cotidiana. El Vía crucis –así es conocido por nosotros el camino que recorrió Jesús con la cruz- fue un “invento” de Europa –nos dice Julián-  Lo “inventaron” para que quienes no podían venir a Tierra Santa, tuvieran la satisfacción espiritual de acompañar a Jesús en ese camino de dolor. Es éste un recorrido espiritual y místico. No debemos olvidar esto. Desde el siglo XVI han sido innumerables los peregrinos que hemos hecho esta vía crucis (calle) acompañando a Jesús en su dolor y sufrimiento. Iniciamos este Vía Crucis singular y único con una cruz grande de madera portada por personas del grupo que vamos turnándonos en cada Estación; al tiempo que hacemos nuestra oración y acompañamiento, vamos conociendo las iglesias, capillas y lugares señalados para cada una de las Estaciones.
A nosotros, la cruz física, de madera, no nos ha pesado, la llevábamos entre varios; ¡Pero cómo le pesaría a Jesús! Al final del recorrido, el Calvario y el lugar de sepultura de Jesús, que  no es hoy como muchos lo imaginábamos, un monte a las afueras. Lo fue… sí; pero en la actualidad es la Iglesia del Santo Sepulcro, última Estación.
(Como la mayoría de nosotros ha comprado por el euro correspondiente la tira de fotografías del Vía Crucis “Mapa Pictórico y Guía Ilustrada” estoy seguro que lo haremos en el pueblo despacio con paz y unción).
Llegamos a la Iglesia del Santo Sepulcro cuyos “guardianes históricos” que corren a su cargo, son principalmente, tres comunidades religiosas: católica (franciscanos), ortodoxa-griega, y armenia (hay otras tres menos representativas: copta, siria y abisinia. Históricamente ha habido muchos problemas de convivencia entre ellos, llegando a las manos en algún momento del pasado, de tal manera que las autoridades turcas en 1852 tuvieron que hacer un reglamento (entre comillas) para evitar en lo posible estos problemas: es el “Statu quo” por el que todo debía quedar inmutable, como estaba en aquel momento, nada debía cambiarse en el futuro.
Nada más entrar en el templo, nos encontramos, diré en el hall, una piedra rectangular de color rosado en donde Cristo, se recuerda fue ungido con mirra y áloe y le embalsamaron (Ju. 19, 38-42), es llamada la Piedra de la Unción. Pertenece el lugar a los armenios. Subimos al que nosotros conocemos como el Monte del Calvario o Gólgota, lo hacemos por una estrecha y empinada escalera. No había mucha gente cuando llegamos, mas a pesar de ello, tardamos mucho tiempo en acercarnos al lugar y poder besar la roca del Calvario en donde estuvo clavada la cruz de Jesús.
Este lugar vuelve a remover nuestros sentimientos ¿Quién no mira a su corazón en el lugar en el que conmemoramos que Jesús fue crucificado? Nuevamente lágrimas, abrazos, fotografías para inmortalizar el momento de nuestra presencia y poderlo rememorar después ante familiares y amigos… cuesta mucho el separarse del lugar. A algunos tienen que decirles que salgan…
Bajamos al Sepulcro (Mt. 27, 57-60) nos llama la atención la estructura metálica que rodea y sostiene la edícula o pequeña construcción que cobija el sepulcro. Se hizo esta estructura para evitar su hundimiento a consecuencia del terremoto habido en 1927 –así nos indicó Julián que no deja de dar explicaciones en voz baja a todo el que le pregunta-. Según el Statu quo debe dejarse como está. Otro gran problema sufrido por la Basílica fue el incendio de 1812.
Son tantas y de tanto interés las informaciones que nos va transmitiendo Julián que difícilmente podemos procesarlas, ni siquiera recogerlas en estas crónicas.
Del Santo Sepulcro, quiero haber entendido que tienen la custodia, por turnos y horas las distintas comunidades religiosas: ortodoxos-griegos, armenios y católicos.
Entramos en el lugar por grupos de cuatro o cinco. El recinto es pequeñísimo. Es escaso el tiempo que el fraile ortodoxo que vigila la estancia y entrada nos permite permanecer dentro. Es poco paciente. Es tan breve ese tiempo, que apenas aprecias que has estado allí; prohibido hacer fotos. Sólo tendrás lo que conserves en tu retina… Hay un doble recinto, el primero es la Capilla del Ángel que anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Mt. 28, 1-7)
A continuación visitamos la Cripta de Santa Elena, ubicada en donde la Santa encontró la cruz. Este lugar fue cantera y posteriormente basurero. Allí arrojaron la cruz que fue encontrada en las excavaciones del siglo IV gracias al tesón de esta santa mujer que se convirtió al cristianismo para amar profundamente a Jesús y buscar todo aquello que estaba relacionado con su vida. Su fuerza de voluntad fue recompensada con lo que los cristianos conocemos y celebramos como la Invención (el hallazgo) de la Santa Cruz.
COMIDA en el centro Notre Dame (Nuestra Señora de Jerusalén), que es una hospedería que depende del Vaticano.
A las 13.55 horas, salimos hacia Betfagé, pueblo situado en el Monte de los Olivos, en donde Jesús consiguió el asno a lomos del cual entró en Jerusalén. Aquí comenzó lo que fue la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Lc. 19, 28-39). Existe aquí una tradición milenaria, desde los cruzados, según la cual, Jesús se subió a una roca para montar en el pollino. Esta roca se encuentra aquí y así se lo indican a los peregrinos.
Visitamos la capilla. Cantamos el “Lauda Jerusalem”, vemos un pequeño rebaño de ovejas que nos recuerda al Buen Pastor y visitamos por último, en el terreno de la casa franciscana, un cementerio antiguo con tumbas-sepulcros del siglo V-VII antes de Cristo. Una de las tumbas aún conservaba la piedra rodada que le servía de puerta. Desde este lugar, divisamos a lo lejos, el desierto de Judea.
Tarde libre hasta las seis. Compras y visita al Zoco que difícilmente podrá olvidarse, por sus calles, sus comercios, su olor a especias, la aglomeración de gentes el regateo de precios (cosa nueva para algunos más jóvenes), los ¡Viva el Barça! o ¡Viva el Madrid! de estos forofos nativos; así como las dos peleas juvenil una y de adultos la otra, presenciadas por compañeros peregrinos en este día de celebración nacional de la victoria judía sobre los palestinos y el recuerdo de los palestino de su “Día del desastre”.
A la hora acordada nos juntamos nuevamente en la Iglesia del Santo Sepulcro.
Santa misa de los dos grupos unidos. Problemas de retraso en su celebración por falta de información clara. Molestias en algunos por la situación creada; pero yo me pregunto ¿Qué importa media hora más o menos cuando estamos en la Iglesia del Santo Sepulcro? ¿Qué importa media hora cuando hemos tenido tres para compras y ocio en el Zoco? ¿Qué importa media hora o una o dos cuando vamos a celebrar el sacrificio de la misa en EL LUGAR, el lugar de su muerte, el lugar de su enterramiento, y sobre todo el LUGAR DE SU RESURRECCIÓN?
Por fin nos convocan a la celebración en la capilla franciscana.
Mucha atención, recogimiento, participación… Concelebran los frailes y Julián. Misa de resurrección; porque aquí, además de morir, CRISTO RESUCITÓ. Este es su mensaje y la clave de todo: RESURRECCIÓN.

CRÓNICA
Viernes 27 de abril de 2012

¡Adiós, Jerusalem! ¡Adiós! ¿Volveremos a verte alguna vez? Si no fuera así, no
importa: ¡Tú estarás siempre en nuestro corazón como una huella indeleble…!
El autobús ralentiza su marcha para decir nuestro último adiós, y emocionados nos dirigimos a Nazaret, la meta de nuestro viaje. Vamos hacia el Mar Muerto. Tenemos que bajar a 400 m bajo el nivel del mar. Es el punto más bajo del globo terrestre. Bajamos a 200 metros… a menos -250 metros… Continuamos bajando. Presión en nuestros oídos… Seguimos bajando.  Nos adentramos en el desierto, Tierra pobre, terreno quebrado, piedra caliza: “Melk” nos dijo en otra ocasión Julián. Vemos algún camello cerca de la carretera. Todo el horizonte se ve montañoso, sin vegetación, sequedad infinita, aunque no es un desierto como el de Sahara, que no llueve… Soledad. A lo lejos divisamos la tumba de Moisés, muy a lo lejos…
Llegamos al Oasis de Jericó: campos de palmeras, naranjos, datileras, verdor, mucho verdor y agua, abundancia de agua. Se divisa el Mar Muerto cuyas aguas  -nos dice Julián-  han bajado de forma alarmante en los últimos 30-40 años. Y “aunque parezca mentira”, como dice la canción, una de las causas es la gran cantidad de agua que se extrae y procesa para las “mil clases” de cremas diferentes que utilizamos para embellecer nuestro cuerpo; y, por supuesto, porque entra menos agua del Jordán.
Llegamos al río Jordán. Frontera. Puesto fronterizo vigilado por soldados armados y un pequeño y solitario autoservicio. Es el único sitio por donde se permite el acceso al río por esta orilla. Todo está vallado con doble valla militar. Aquí tocamos el agua del Jordán en frontera con Jordania. Una red bajo el agua evita el paso al/del otro lado. Celebramos con toda unción la renovación de las promesas del bautismo, rociándosenos con el agua viva del río, el mismo río con el que Jesús recibió su bautismo (Lc. 3, 21-38). Muchos de nosotros llenamos botellas con agua del  río Jordán por distintas motivaciones…
El desierto que vamos atravesando no es un desierto al uso de los que conocemos o hemos oído hablar de ellos. Éste no es un desierto de arena, su piedra base es caliza.
Vamos llegando a Jericó, a unos 250 metros bajo el nivel del mar, ciudad Palestina, que es un vergel dentro del oasis. Celebramos la santa misa en la parroquia franciscana de “El Buen Pastor”. Las parroquias realizan una de las mejores labores de la pastoral que llevan a cabo los franciscanos. Ésta es una comunidad más que necesitada. Aquí regentan una escuela.
“Danos un corazón grande para amar” es el canto de entrada de la misa. Celebra Julián. Reflexiona sobre la entrada de Jesús en casa de Zaqueo. Yo, a título personal le diría hoy a Zaqueo: “Baja del guindo, hombre, y pon los pies en la tierra… Y, ¡vaya si Zaqueo los puso! Le prometió a Jesús devolver hasta cuatro veces más que lo que había defraudado (Lc. 19, 1-10). A los católicos, hoy, nos agrada muy poco hablar del tema JUSTICIA y nos parece que la injusticia sólo la hacen los demás… Nosotros también tenemos que “aplicarnos el cuento” como se lo aplicó Zaqueo; pero eso nos agrada menos…
Reflexiona, también, sobre el ciego Bartimeo cuando gritó a Jesús que le atendiera y sus convecinos le pidieron que callara y no molestase. Pretendían que no rezara; porque, sin duda, esa petición de ayuda era rezar. Hoy se dan situaciones parecidas: no reces, no practiques tu vida espiritual ni tu acción social evangélica… ¡nos molestas con ellas! Y nosotros nos acogotamos con esas críticas, nos achantamos, bajamos nuestras cabecitas, y, en adelante, queremos pasar desapercibidos. Debemos reciclarnos y vivir a tope este evangelio que a otros molesta.
Este descanso con misa en Jericó nos hace pensar. El canto escogido para la comunión es un revulsivo interior: “¡Qué detalle, Señor, has tenido conmigo cuando me llamaste…!” Me has traído a tu tierra, has encendido mi corazón, me has hecho bajar de la higuera, has abierto los ojos profundos de mi corazón. ¡Qué detalle!
Nos despedimos de la Virgen y cantamos “Hoy he vuelto Madre a recordar…” y la estrofa: “Aunque el hijo se alejara del hogar una madre siempre espera su regreso…”.
Nos dirigimos a la “Fuente de Eliseo” (II Reyes 2, 19-22) abastecida con un inagotable caudal que riega desde la antigüedad el oasis de Jericó. Compras, descanso, bebidas refrescantes…
A quienes les ha apetecido hemos subido a conocer las excavaciones más antiguas de Jericó y tal vez de la humanidad, datan de más de diez mil años atrás. Entre estos restos arqueológicos se encuentra la ya célebre torre neolítica en el Tel El Sultán. Una gran torre construida de tierra y argamasa que no tiene unión con muralla alguna. Las murallas de Jericó no se han encontrado (Josué 6, 1-21).
A lo lejos divisamos el lugar de las tentaciones de Jesús, (Mt. 4, 1-11) un macizo rocoso de unos 500 metros conocido como Monte de la Cuarentena o de las Tentaciones; vislumbramos en la ladera unas grutas y un monasterio, que por su color terrizo se confunde con la montaña. No lejos de él, la estación de un teleférico y, en la cumbre, un gran muro que es el inicio de una basílica que el último Zar ruso quiso construir, para conmemorar la oración de Jesús en el desierto y las tentaciones, mas como vino la revolución rusa se fastidió la idea.
Reanudamos la marcha, llegamos al Mar Muerto con su saturación de sal y su barro negro cargado de sustancias naturales hoy sobreexplotado por el comercio. Nos bañamos. Nos embadurnamos. Flotamos en su densa y saladísima agua, cuidando mucho de las recomendaciones que nos había hecho Julián.
COMIDA. (13:45 horas). La hacemos en el autoservicio más bajo del mundo. Breve descanso y seguimos hacia nuestro destino: Nazaret. Parada en el Monte Tabor, lugar de la transfiguración de Jesús. A él tenemos que subir en una flotilla de taxis en grupos de 8-10 viajeros. La carretera estrecha y sinuosa no permite la subida de autobuses. Llagamos a la cima del Tabor, famoso monte en toda la historia de Israel; pero la fama mayor se la dio la Transfiguración de Nuestro Señor (Lc. 9, 28-36). Transfiguración es cambiar de figura: “… Su rostro  -dice el evangelio-  brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz”. Tan estupendamente bien se estaba allí que Pedro dijo: “Hagamos tres tiendas…” (Lc. 9-33).
¡Y vaya si se estaba bien física y ambientalmente! Pero el  peregrino sabe que la paz y el bienestar no le viene del exterior –que también-;  la verdadera paz le viene de aquel de quien la voz que habló desde la nube dijo: “este es mi Hijo amado, mi predilecto, escuchadlo. De ese escuchar y poner en práctica su Palabra es de donde nos viene la paz, la fuerza, el compromiso… ¡el todo!
Hasta tres monasterios han existido en el Tabor, nos dice Julián: un primer monasterio Bizantino, otro construido por los cruzados y el actual. Allí vemos los restos de los dos primeros.
Para no perder la costumbre visitamos la tienda de los recuerdos. Esta es distinta de las demás porque tiene una confortante finalidad: la recuperación de drogadictos que llevan a cabo los franciscanos.
En uno de los “pasquines” (decíamos en mis años jóvenes) que leí en la pequeña tienda de recuperación de drogadictos decía en italiano. No sé si traduciré bien:

“En el Monte Tabor nace un hombre nuevo” El Monte Tabor es la exaltación de un sueño: el hombre es transfigurado, redimido y glorificado”    Mundo X al Tabor.

Extraordinaria labor la franciscana ¡Loado sea mi Señor!
El entorno no puede ser mejor, está en la llamada franja verde. Esto es el “Jardín de Dios” Julián nos recuerda el comentario de San Jerónimo: “El Monte Tabor se levanta redondo en medio del Jardín de Dios” (San Jerónimo).
Todo el entorno es bellísimo y feraz. Hasta la agricultura está dispuesta artísticamente en formas geométricas extraordinarias, según vemos desde la altura del monte. Con estas formas el agricultor ofrenda al señor su mejor arte y ofrenda su trabajo haciéndolo de la forma más bella de la que es capaz.
Naín (Lc. 7, 11-18). Terminamos las visitas del día en Naín. Naín suele estar fuera de los circuitos de los peregrinos. Éste es un lugar propio para encomendar a nuestros difuntos. Allí Jesús resucitó al hijo de una viuda. “A ti te digo: ¡Levántate!… No llores, le dijo a la mujer. Lugar propio para recordar a las viudas y a los viudos, que algunos hay entre nosotros, y a aquellos que perdieron algún hijo. Tiene Naín una iglesia, hoy cerrada, que fue regentada por los franciscanos en 1880 y dejó su actividad a principios del siglo XX. En el rosetón de la ventana central de la fachada se ve el símbolo franciscano de “los dos brazos entrecruzados uno de ellos vestido”, a los que yo quiero añadir la lectura de una inscripción que sólo puede leerse en la portada de una antigua casa de mi pueblo, Campanario. La inscripción es desconocida fuera de nuestro ámbito e indica el grado de unión que San Francisco tuvo con Jesús. Sufrió sus mismas llagas. Sólo su brazo vestido le diferencia. Dice así la inscripción: “Conviene que esté vestido un brazo de aquestos dos, pues si no no sabréis vos cual el de Francisco ha sido y cual el brazo de Dios”, refiriéndose a que los dos tienen marcadas las llagas en las manos y solo por el brazo vestido se conoce que es el de San Francisco.
Continuamos el viaje hacia Nazaret. Hotel “Golden Crown” es nuevo, a estrenar, aún no está terminada en algunos sitios la limpieza de la obra. Aseo personal. Cena. A las 20:30 horas, Santo Rosario en la explanada de la Basílica  de la Anunciación, en donde el sábado se bendecirá el mosaico de la Virgen de Guadalupe, nuestra patrona.
Salimos del hotel por grupos, éste es un acto que se repite semanalmente. Vamos llegando centenares de peregrinos… Se hace una introducción al rezo del rosario en los distintos idiomas de los congregados. Inopinadamente para nosotros, que somos nuevos en Nazaret, nos sorprende la música por el altavoz de la mezquita cercana y la llamada del Almuecín. Su rezo se entremezcla con los nuestros, nuestras voces se unen alabando a Dios, cada uno por separado, desde su lugar – qué pena-  pero al fin y al cabo, las dos comunidades  alabamos a Dios. La procesión sale del recinto. Nos iluminamos con finas velas, resguardada su luz por un pequeño farolillo alusivo al acto. Impresiona la unidad en nosotros… ¿Por qué no será siempre así? Termina el acto y nos despedimos de la Madre, en su casa de Nazaret, con el saludo del ángel: ¡Ave, María!
Después de un día tan agotador vemos a nuestros amigos más mayores cansados y agotados; pero llevan con dignidad y fuerza ese cansancio.  Retoman sus fuerzas, nos dicen, de su fe y amor a María…
La mayoría de los asistentes marchan al hotel a descansar; otros, prefieren dar un paseo por aquellas casi solitarias calles y, relajados, tomar unas copas y charlar apaciblemente… Esta noche me he unido a este grupo. ¡Shalom!

CRÓNICA
Sábado 28 de abril de 2012

¡Ave! Tal fue el saludo del ángel a  María.  ¡Buenos días! a todos. Bien sabe
Dios que anoche después del rezo del santo rosario, pensé tomarme hoy mi “día libre” respecto a las Crónicas; pero no… Me he comprometido a hacerla diariamente y aquí estoy aun a costa de mi descanso.
Peregrinamos en esta soleada mañana hacia el Monte de las Bienaventuranzas, en tierras de TABGHA. Estamos haciendo la “Vía Maris” (el camino del mar). Pasamos el cruce del Golán. Julián responde a alguien que le ha preguntado, que “Los altos del Golán” es un enclave fronterizo de cuatro países: Jordania, Líbano, Israel y Siria. Que es un lugar de conflicto permanente. Es cuestión de fronteras… Cuestión de dominio…
Hay poco tráfico. Es sábado y, por tanto, fiesta religiosa judía. Avanzamos por un grande y fértil valle: frutales, trigo, olivos, gran extensión de platanales… ahora entiendo, viendo todo esto, aquello de la Biblia de que “Es una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3, 8.17).
Durante el viaje, Julián, nos comenta algunos episodios de la vida de Flavio Josefo, historiador judío, del tiempo de Jesús, que perteneció a la casta sacerdotal. Participó en la rebelión judía; pero, el muy pillo, al ver que llevaban las de perder, se pasó al bando romano. Quiso explicar la fe de los judíos a los demás y escribió “Antigüedades del pueblo judío”, en donde hace alusión a un tal Jesús, coetáneo suyo. La alusión que hace Flavio Josefo sobre Jesús es fundamental para conocer la realidad del Jesús histórico que muchos niegan. Al fondo divisamos el Lago de Tiberiades. Tiene unos 22 Km de largo y 14 Km de ancho.
Llegamos al Monte de las Bienaventuranzas en TABGHA. Estamos ante el monumento más significativo del lugar: el Santuario de las Bienaventuranzas. Es octogonal, pensado para conmemorar las ocho bienaventuranzas. No lejos, el lago. El Lago Tiberiades nombrado en el Nuevo Testamento, indiferentemente, con tres nombres distintos: Mar de Tiberiades (Ju. 6,19; Mc. 4,39). Mar de Galilea (Ju. 6,1) y Lago de Genesaret (Lc. 5,1).
Santa misa en el exterior, rodeados de fértil y bella naturaleza. Trino insistente de aves que saludan a nuestra peregrinación franciscana de su amigo Francisco de Asís. “Alegre la mañana” cantamos también nosotros. Lectura reposada de las Bienaventuranzas (Beatitudes, leemos en los letreros).
“La libertad no está en los poderosos ni en los fuertes… sí en los débiles, en los sencillos de corazón”. Nos contó el P. Sebastián, en la homilía una “anécdota” (entre comillas digo yo lo de anécdota) de aquel fraile viejo que decía: “La teoría me la sé. Lo que me falta es la segunda parte”; pues sí, sabio fraile era aquel. Ese es nuestro problema vital: La segunda parte. ¿Cómo la pondremos en práctica personalmente?
Fue para todos una sorpresa la actitud del P.Sebastián, que en un arranque de entrega y vivencia de su vocación, superando obstáculos, armándose de firmeza ante su grupo de peregrinos, y tomando como testigo al sacerdote que con él concelebraba, Julián, hizo la renovación de su entrega vocacional. Admiración y sorpresa en los presentes. Emoción y lágrimas en muchos. Felicitaciones de los más allegados. Reflexión en todos. Loado sea mi Señor. Amén. Entonamos  -¿cómo no, si estamos en el lugar?- : “¡Bienaventurados seremos, Señor…!”  
Terminamos la Misa. Visitamos el santuario. Siguen los trinos de las aves, ¡alegre la mañana! Todo el ambiente se presta a que así sea.
Continuamos el camino hacia otro lugar de TABGHA (que significa “Lugar de las siete fuentes”), llegamos a la Iglesia de la multiplicación de los panes y los peces (Mc. 6, 30-44). Está asistida en la actualidad por una comunidad de PP. Benedictinos. Aquí pudimos contemplar el famoso mosaico de los panes en los peces, en el que se ve un cesto con panes y a ambos lados dos peces.
A escasos metros se encuentra la Iglesia del Primado que cobija la roca sobre la que Jesús preparó el desayuno a sus discípulos (Ju. 21, 9-19). Un letrero a los pies de la roca la señala como: MENSA CHRISTI. Aquí, en este lugar Jesús confirió a Pedro el Primado de la Iglesia, esto es, la “Jefatura” el “Papado”.
De esta roca ya hablaba en el año trescientos y pico la monja peregrina gallega Egeria… Proclamamos el evangelio. Reflexionamos. Por tres veces preguntó Jesús a Pedro “si le amaba” y “si le amaba más que los demás” y otras tantas Pedro responde que sí, que le ama… Jesús fue respondiéndole “apacienta mis ovejas”, “apacienta mis corderos” Cuida de ellos. Sé su pastor. Condúcelos… Así le confirmó en la categoría suprema de Pastor, pastor de su rebaño.
Salimos, unos, tocando la roca; otros, besándola y, todos pensando en el Primado de Pedro. En el Papa.
El santuario está junto al agua del lago. Bajamos y tocamos esta agua sobre la que Jesús había caminado (Mc. 6, 49). Alguien de nosotros, de Andalucía, Manoli de Umbrete, ha traído una cajita con flores de su jardín. Emocionada las arroja al agua al tiempo que reza, y nos explica  -a un grupo-  su ilusión y su orgullo, al haber podido arrojar los pétalos al lago de sus sueños…
Llegó el momento. Nuevamente al autobús. Nos dirigimos ahora, a CAFARNAUM, a la ciudad de Jesús, en donde se estableció después de dejar Nazaret. Es la ciudad en donde comienza su predicación, ciudad muy importante porque en ella confluyen los caminos de la Vía Maris. Nos sentamos junto a los restos arqueológicos de la antigua Sinagoga que debió ser grandiosa a tenor de lo que vemos.
Aquí, Julián, nos trae a la memoria una serie de hechos, de los muchos de la vida de Jesús que sucedieron en Cafarnaum; pues la mayoría ocurrieron en esta tierra. De entre ellos elige el Discurso del Pan de Vida (Ju. 6, 48-58) que nos lee y comenta.
Visitamos la Casa de Pedro. Hoy es una gran Basílica en forma de barca que cubre el espacio de la casa y está sostenida por ocho columnas que dejan ver los restos arqueológicos de la casa primitiva. Estos restos están rodeados por otros posteriores en forma octogonal; son restos de una iglesia bizantina. La actual basílica que está construida sobre ellos, también tiene forma octogonal, respetando así la forma de la Bizantina. Los bizantinos consideraban el octógono como lo más noble.
Nuevamente el ir y venir de peregrinos. Coches. Autobuses. Gorras y pañoletas de mil colores… tantos como idiomas oímos. Jardines perfectamente cuidados, agua en abundancia…
Paseo en la barcaza: Bajamos a la orilla. Pasamos el pasillo del embarcadero entre turistas de muy diversas nacionalidades. Tiberiades. Hemos llegado al lago, ese lago que tantos recuerdos nos trae de la  vida  de  Jesús.  Nos  ilusiona subir a una  barca  
-como Él-  y hacer un corto recorrido. Estamos juntos todos los grupos de la peregrinación Guadalupana. Subimos. Se iza la bandera de España y escuchamos las notas de nuestro Himno Nacional. Como respuesta Julián entona un villancico que al final resultó ser la música del Himno Nacional Hebreo. Aplausos y regocijo entre todos. Todo ello está dentro de la parafernalia que los nativos tiene preparada para las peregrinaciones. Lo sabemos; pero… nos ilusiona.
La barca para sus motores. Se hace el silencio mecánico al tiempo que se “oye” nuestro silencio, para escuchar la Palabra de Dios en medio de aquel lago que tantas veces la oyó, directamente, de Él. ¿Por qué tenéis tanto miedo? Resuena en nuestros oídos… ¡Adelante! La comunidad nos espera. No guardemos para nosotros solos todo lo que estamos viviendo. No pongamos la luz  -me digo yo-  “debajo del celemín” (Mt. 5, 13-16). Queda mucho por hacer. La sociedad nos espera. No nos escondamos en estos tiempos difíciles. ¡Ánimo! ¡Adelante!
COMIDA: Pez de San Pedro. Insípido. Muchas espinas. Es algo así como nuestras carpas. O tal vez con más espinas… Un detalle más para recordar Cafarnaum.
Nuevo destino: HAIFA. Puerto. Ciudad industrial, ciudad laboriosa, motor de la economía de Israel… Julián nos comenta un significativo dicho: “Mientras Jerusalén reza y Tel Aviv se divierte, Haifa trabaja”. Éste es el resumen del carácter de estas tres grandes ciudades de Israel.
Subimos al Monte Carmelo. Antes de la subida al santuario contemplamos maravillados el emplazamiento del Templo Bahai, lugar de culto de la secta islamista Bahai. Está en medio de unos jardines paradisíacos… dimos dos vueltas a la rotonda del camino para contemplarlo mejor. Los jardines bajan desde la altura del Carmelo llenos de vida, color y arte. Todo un espectáculo. Haifa es el centro mundial de esta secta.
Arriba nos recibe la Virgen del Carmen mirando a Haifa, mirando al Mediterráneo. Ella, como el monte lo fue en otro tiempo, es para nosotros guía, luz y faro. Aquí, en el Santuario Stella Maris se venera a nuestra Señora desde el siglo XII, custodiada por la orden Carmelita, que tienen como patrono al profeta Elías.
Descanso, refresco y vuelta a “casa”.

CRÓNICA
Domingo 29 de abril de 2012

HOY ES EL DÍA. Hoy se bendecirá solemnemente el mosaico de nuestra patrona. Hoy quedaremos en nuestros muros, para siempre, la imagen de la Virgen de Guadalupe, la original, la que según la tradición fue tallada por el evangelista San Lucas; la que apareció en Extremadura en el siglo XIII; la que dio nombre a la Mexicana del indio Juan Diego; nuestra Morenita de la Villuercas, nombre familiar e íntimo con el que los extremeños y sus devotos la llamamos, nombre con el que difícilmente será llamada en estas sus tierras de Nazaret, a no ser por los extremeños que algún día peregrinen a esta Tierra Santa. Para nosotros es una honra inmensa estar presentes y ser actores de este momento histórico que hoy viviremos.
Pero antes, por la mañana, vamos de boda. Nos dirigimos a Caná a una hora más bien tardía comparada con la de los días anteriores. Son las ocho de la mañana. El Lugar, Caná de Galilea, donde Jesús realizó su primer milagro haciéndolo a sugerencia de su madre. ¿Quién se niega a la súplica de una madre? Bastó con decirle a su Hijo “no tienen vino”, para que Jesús, aunque no había llegado su hora, transformara en vino el agua de aquellas tinajas… (Ju. 2, 1-11).
En recuerdo de esta boda a la que Jesús bendijo con su presencia, los peregrinos tienen por costumbre renovar su compromiso matrimonial en esta iglesia. Son siete las parejas presentes que lo han renovado. Quienes hemos venido sin nuestro cónyuge lo hacemos espiritualmente, de forma íntima, con el dolor y pena de que ellos no estén presentes; aunque sabemos que de ningún modo están ausentes; pues durante toda la peregrinación han estado con nosotros y estamos sintiendo su presencia. Con ellos, en nuestro interior, lo hemos celebrado todo, lo hemos comentado todo y nos hemos reído, y hemos llorado, y hemos rezado, y nos hemos cansado, y nos hemos hecho mil confidencias…
La ceremonia la realiza el padre Sebastián en la Iglesia del Milagro: Anillos. Arras. Promesa… Abrazos. Felicitaciones… ¡Vivan los novios! Cantamos “Como brotes de olivo” “…A los hijos de tus hijos los verás; ¡la gloria del Señor por los siglos!” Entrega de diploma recordatorio del acto.
El lugar nos indica Julián no es el histórico de la boda; pero fue por aquí. Muy posiblemente éste sea el de la tumba de Jonás. Sigue haciendo Julián un breve recuerdo del comienzo de sus estudios y excavaciones en este lugar con otros compañeros. Trae a colación el Protoevangelio de Santiago y tradiciones judías, que coinciden todas con el evangelio; nos recuerda incluso la costumbre antigua en ciertos grupos judíos de poner a sus hijos el nombre de los abuelos.
En la cripta vemos un cántaro antiguo de piedra y varias ánforas de distintos tamaños.
Salimos del templo. Nueva dispersión del grupo para saciar el apetito incontenible de comprar. Nos ata el venenillo del consumismo. Esta vez sí hay vino. ¿Cómo no iba a haberlo en Caná?… ¿Qué mejor ocasión para comprarlo?
Ya se va notando la huella del cansancio que poco a poco va haciendo mella. Las personas mayores lo notan más, lo venimos notando todos; pero su espíritu es increíblemente fuerte. Pueden con todo. Volvemos a Nazaret. Llegamos a la Iglesia de San Gabriel en donde está la Fuente de la Virgen que pertenece a la Iglesia Ortodoxa-Griega. Después de esperar a que termine el ritual de un bautizo que se está celebrando, pasamos al interior del templo y allí podemos contemplar el manantial y tocar el agua. Una tradición apócrifa cuenta que el ángel San Gabriel anunció a María, en este lugar, que iba a ser la madre del Salvador.
COMIDA. Durante la comida, un grupo de entre las jóvenes peregrinas deciden y preparan un pequeño e improvisado sketch para felicitar a los matrimonios presentes que hoy han renovado sus promesas matrimoniales. Simulan una boda. “Blanca y radiante va la novia…” Así entran cantando en el comedor. Pétalos de rosas. Cantos. Felicitaciones a las parejas… Se unen los comensales de otros grupos… Fue suficiente para colmar de humor y alegría el día de hoy que tan esperado final va a tener.
Descansamos en el hotel y nos vestimos de gala porque ha llegado el momento más deseado. Vamos llegando escalonadamente a la inmensa Basílica de la Anunciación construída por los franciscanos a mediados del siglo XX e inaugurada  en 1969. Antes de esta Basílica hubo en el lugar hasta cuatro iglesias distintas que fueron desapareciendo al paso de los siglos: una iglesia-sinagoga, una bizantina, una de los cruzados y otra franciscana. Este es el lugar en donde estuvo la casa de María, el lugar en donde se produjo la anunciación del ángel (Lc. 1, 26-38).
Antes de comenzar los actos, los distintos grupos aprovechamos para visitar la Casa de la Sagrada Familia, también conocido como Taller de San José. Se está celebrando la Santa Misa y bajamos a la Cripta. Restos arqueológicos. El lugar es considerado por algunos como el taller de carpintería de San José. La determinación exacta del lugar es reivindicada para otros lugares por distintas comunidades religiosas. En este problema de la ubicación exacta de los lugares es normal que sea reivindicada por distintas Órdenes Religiosas y otras confesiones cristianas. Para nosotros esto es de menor o nula importancia… Se hace la lectura del evangelio: “¿No es éste el hijo del carpintero?” (Mc. 6, 1-3); (Mt. 13, 53-55).
Volvemos a la Basílica que está “a un tiro de piedra”  y muchos descendemos de nuevo a la Gruta de la Anunciación, deseamos volver a ver y rezar en el lugar (Éste sí lo avalan los restos arqueológicos) en donde el Arcángel San Gabriel anunció a María que iba a concebir un hijo… que sería el Hijo de Dios.
En el lugar hay un pequeño altar y, en el suelo, una inscripción en latín que traducida dice: “Aquí la Palabra de Dios se encarnó” (Dios se hizo hombre).
Julián nos hace notar que en el suelo hay, también, una pequeña lápida con el nombre Kononos. Conón en español, nombre que ha sido identificado como el del último pariente conocido de Jesús. Murió mártir en torno al siglo IV. Vemos más restos e inscripciones provenientes de las iglesias anteriores construidas en el lugar. Hay también una columna que tiene, en griego, la inscripción: Ave, María.
Y llegó el momento. Llegó la hora. Ya estamos reunidos en torno al altar de la Iglesia inferior. Nos reunimos alrededor de la barandilla que circunda el lugar de la gruta de la que fue casa de nuestra Señora, que se encuentra en un plano  más bajo. Son las 16:00 h. Preside la Eucaristía el Ministro General de la Orden Franciscana, P.José Carballo. Son diez los demás concelebrantes, franciscanos unos y seculares otros. Ninguno con representación de la Sede Primada de España, ni de las diócesis extremeñas. ¿Cuestión de diplomacia eclesial? ¿Problemas de presidencias? No sé. El hecho es que no están.
Dirige los cantos el P.Antonio Arévalo. A la derecha del concelebrante, el Prior del Monasterio de Guadalupe, P.Sebastián Ruiz, que proclama el evangelio, en tanto que las demás lecturas y Oración de los fieles son leídas por representantes de los Caballeros y Damas de Guadalupe y entre otras personas distintas de las asociaciones, Elisa Zazo, de Villanueva de la Serena y Mariángeles García de Campanario, que lucían sendos lazos negros, además de otras treinta personas asistentes, para recordarnos que los extremeños, con ciertas excepciones, anhelamos, defendemos y deseamos, que nuestra Patrona de Extremadura pertenezca eclesialmente a la Provincia Eclesiástica Mérida-Badajoz y no a la Sede Primada de Toledo, como viene perteneciendo desde la Reconquista.
Digo esto sin ánimo de molestar a nadie, sino como expresión del deseo de muchos y para el conocimiento de otros tantos que desconocen el hecho arrastrado desde siglos.
“Queridos peregrinos venidos de Guadalupe, de Extremadura y de otros pueblos de España ¡Bienvenidos!… Aquí os acogemos los franciscanos de Nazaret… estamos en el Santuario del Sí…” Dijo en su homilía el celebrante, y más adelante después de hacer un breve recorrido de la historia de nuestra Patrona, nos decía: “Alégrate, Guadalupe, hoy tu Señora vuelve a su casa… Hoy, Guadalupe se alegra en Nazaret…” Hace alusión a los títulos de la Virgen de Guadalupe y después de exaltar las virtudes de María, termina con un exhorto pidiendo a la Virgen por la Iglesia, Extremadura y España, por los frailes menores, por nosotros, por la paz en esta tierra…
Salimos procesionalmente al claustro. Se han unido al grupo de celebrantes, el Padre Custodio de Tierra Santa y el Guardián de la Casa de Nazaret. Nos espera el mosaico para ser bendecido con la mayor solemnidad. Nuestros corazones laten con fuerza. Se ven lágrimas de emoción mientras entonamos el Himno de la Virgen y el de nuestra Extremadura cuya letra para mejor memoria ha sido distribuida por algunos seguidores de la Asociación Guadalupex (Guadalupe Extremeña). Todos seguimos expectantes el ritual de la bendición  para fundirnos en un mismo deseo: Virgen de Guadalupe  -en Nazaret-  ruega por nosotros. Y por todos…
El autor del mosaico, Santiago Sánchez Junco, de Cáceres, con su familia, que llegó con un segundo grupo de peregrinos, ha estado presente en los actos. Enhorabuena. Extraordinario mosaico.
Fotografías. Abrazos. Lágrimas de alegría y emoción. Cantos regionales… ¡Todo nos parece poco!
Quisiéramos guardar no solo las fotos del momento, sino guardar especialmente en nuestra retina y en nuestra memoria, para siempre, los ardores y anhelos que estamos viviendo en estos momentos.
Virgen de Guadalupe: has vuelto a tu casa de Nazaret y aquí te has quedado. Los peregrinos extremeños y devotos de tu advocación, allí te veremos… o te verán por los siglos. Amén. Así sea.

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Y aquí termina mi labor. Feliz vuelta a casa. He procurado hacer todo lo mejor posible y hacerlo por vosotros y para vosotros, amigos míos. He procurado recoger no solo los lugares, el arte, la historia… Mi preocupación principal ha sido recoger, en lo posible, sentimientos, ideas y comentarios, emociones y lágrimas, risas y cantos; expresiones de ánimo y demostraciones de fe… Reflexiones, frases e ideas de homilías, en una palabra, recoger todo aquello que brota del corazón; por eso, sólo deseo que la lectura de estas crónicas os ayude a recordar los momentos vividos y traer a la memoria algún detalle olvidado que haga resurgir con más fuerza, si cabe, el amor a Jesús y a María.
Alguien de nuestro grupo me dijo en uno de los días, más o menos, esta frase: “La primera vez que vine a Tierra Santa, lo hice de turista y volví siendo peregrina. Y he vuelto otra vez y volveré todas las veces que pueda”.

Un abrazo a todos,
Zacarías.

Observación: no dejéis de leer en el momento que corresponda, la cita bíblica que llevan las crónicas. Y para saber más sobre esto leer el libro azul que nos entregaron en la peregrinación.
Nota: Yo no he podido hacer las fotografías que hubiese deseado. Si queréis enviarme alguna, mi correo-e es:
zacariascruzescu@mail.com      
Mi correo postal:     Zacarías de la Cruz Escudero
C/Tejar, 16
06460 Campanario (Badajoz)

DE GUADALUPE A NAZARET. CRÓNICAS DE UNA PEREGRINACIÓN.
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