La paradoja de la Hispanidad – VICENTE SÁNCHEZ-CANO PRESIDENTE DE GUADALUPEX

ABUNDANTE, categórica y convincente es la documentación bibliográfica existente sobre la proclamación de la Virgen de Guadalupe como Reina de la Hispanidad. Sin embargo, tal como afirmáramos en el artículo publicado en HOY el 11 de octubre de 2013, cada vez es más frecuente en los medios de comunicación, y en la opinión pública en general, identificar este patronazgo con la Virgen del Pilar y no con Santa María de Guadalupe. Sabemos que la Virgen María es única y universal, aunque se presente bajo distintas advocaciones. Pero, una vez más, en los temas eclesiásticos, en este caso, como en otras muchas cuestiones, nos volvemos a encontrar con lo que se podría denominar «la paradoja extremeña», en la doble acepción del diccionario de la RAE: «Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas» o «Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera».

Para muestra dos botones: Uno, Pío X a través del rescripto ‘Beatissimam Virginem’ declara a la Virgen de Guadalupe Patrona Principal de toda la región de Extremadura, y así lo proclama el 28 de abril de 1907. Sin embargo, como se sabe, la Patrona de Extremadura no pertenece a una de las tres diócesis que conforman la provincia eclesiástica de Extremadura, sino que pertenece a la diócesis de Toledo. Otro, el 12 de octubre de 1928, el cardenal Primado de España, Pedro Segura, como legado del Papa Pío XI, y en presencia del rey Alfonso XIII, corona canónicamente a Santa María de Guadalupe como ‘Hispaniarum Regina’ o Reina de las Españas, como reza en el anverso de la lustrina de su corona. Pues bien, a pesar de esta proclamación oficial por parte de la Iglesia, a pesar de la íntima vinculación del santuario de Guadalupe, tanto con el descubrimiento de América como con su colonización y evangelización, acreditada documentalmente con vasta bibliografía, a pesar de que la Unesco el 11 de septiembre de 1993, cuando declara a Guadalupe Patrimonio de la Humanidad así lo invoca al argumentar: «Porque la famosa imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido el símbolo más representativo de la cristianización de una gran parte del Nuevo Mundo», nos encontramos con un movimiento en la opinión pública que, sin causa que lo justifique y faltando a la verdad histórica, proclama Reina de la Hispanidad a la Virgen del Pilar.

Ante estas situaciones, cuando desde movimientos cívicos, como Guadalupex, reivindicamos la normalización de esta situación, en el primer caso, o defendemos la verdad histórica documentada, en el segundo, nos encontramos con alguna incomprensión que hace que nos cuestionemos si merece la pena luchar por estos asuntos. Y la respuesta siempre es afirmativa. Hay muchas personas e instituciones en Extremadura, y fuera de nuestra región, que se preocupan por el nivel de desarrollo, por los índices de emprendimiento, por la tasa de desempleo, por las diferentes macro magnitudes económicas y por el lugar que ocupamos en el contexto nacional y europeo. En la mayoría de las ocasiones, cuando abordan estos temas, no pueden por menos que lamentarse de la apatía, de la dejadez, de la abulia, del abandono. que según comentan, observan en un sector de la ciudadanía. Son muchas las cuestiones que pueden tener incidencia en estas actitudes o comportamiento: el abandono histórico, la estructura de la propiedad de la tierra, la falta de cultura empresarial, las políticas de las administraciones públicas, la falta de conciencia cívica, etcétera.

Podríamos seguir enumerando factores que inciden en la situación actual de nuestra región, y no terminaríamos. Siendo todos ellos ciertos, no lo es menos, que para poder vertebrar una sociedad es imprescindible definir las señas de identidad que la conforman como tal. En nuestro caso, es claro que la Virgen de Guadalupe, si no es el principal, sí es uno de los pocos símbolos identitarios que tenemos los extremeños, tal como proclamara la Asamblea de Extremadura en su declaración institucional. Si el más importante símbolo de identidad de los extremeños, nos lo administra eclesiásticamente una diócesis ajena a nuestro territorio, y se lo apropia en su proyección hispanoamericana otra advocación mariana, sin una respuesta contundente por parte de la sociedad extremeña, ya nos podemos imaginar lo que puede ocurrir con otras cuestiones de menor relevancia. Mientras una sociedad no sea consciente de lo que es, de lo que representa, y de lo que quiere ser, respete su pasado y defienda con orgullo su patrimonio histórico, artístico y cultural, difícilmente se podrá vertebrar como una sociedad libre, democrática y solidaria. Esa es la base de la que pueden partir otro tipo de iniciativas y proyectos. En una Comunidad, como la extremeña, donde la política lo invade todo, es necesaria una sociedad civil que sirva de contrapeso a los poderes públicos y que los complementen en aquellos ámbitos a los que no lleguen esas actuaciones públicas, pues éstas son imprescindibles para construir una sociedad moderna, prospera, justa y solidaria.

Lo hemos repetido en innumerables ocasiones y lo volvemos a repetir una más. La situación actual de Guadalupe, con su dependencia eclesiástica de la diócesis de Toledo, y su dejadez y abandono en otros muchos aspectos, como el de la usurpación del patronazgo de la Hispanidad, es una grave ofensa para la dignidad de los extremeños como pueblo. No ser conscientes del daño que estas situaciones generan en el subconsciente colectivo de una sociedad es ignorar la capacidad de transformación social de las ideas. Dice el poeta y escritor italiano Giosuè Carducci «No poseer el sentimiento de la propia dignidad y, con ello, de la propia fuerza, es un signo sumamente desfavorable para los hombres como para las naciones».

La paradoja de la Hispanidad – VICENTE SÁNCHEZ-CANO PRESIDENTE DE GUADALUPEX
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